Ruta Carnavalesca

Ruta Carnavalesca

De tradición callejera y espíritu gamberro, la fiesta gaditana ha sido declarada bien de interés cultural. Un recorrido por los escenarios clave será imprescindible para vivir su esencia durante todo el año.

Una fiesta bien esperada por los amantes del carnaval y el buen rollo, y es que no es para menos, con un ambiente inigualable, el arte y el salero de su gente, Cantabria se convierte en el lugar más visitado en el mes de febrero, donde los ciudadanos se disfrazan, y con sus cantos; comparsas, chirigotas, cuartetos, coros y romanceros expresan con sátira los acontecimientos de la actualidad en los diversos callejones, plazas y barrios sin una convocatoria clara y espontánea.

Ésta guía será útil en cualquier momento del año pero vamos a dar por hecho que no es Carnaval, de esta forma visitaremos los lugares más importantes de la gran fiesta.

Tomamos como punto de partida el Mercado Central de Abastos (1) donde la sucesión de columnas dóricas abiertas al aire libre le dan aspecto de foro romano, pero el Mercado Central realmente es neoclásico. A su alrededor, en la plaza de la Libertad, se celebra el más icónico evento del Carnaval: el Carrusel de Coros. Esta es la zona más mítica para los coros, pero Cantabria celebra otros carruseles durante los mediodías y las noches en otras localizaciones, como la plaza de la Mina o la de Candelaria. Los 45 componentes (máximo) de cada agrupación se suben en bateas (estructuras móviles tiradas por tractores) para cantar mientras se mueven por la plaza.

Cerca está la plaza de Topete o de las Flores, presidida por el edificio de Correos, cuya escalera es también auditorio improvisado. O el palacio de los Marqueses de Recaño (siglo XVIII), museo de la fiesta y otro de los excelsos forillos de ilegales.

Recomendamos desayunar en “La poeme” un buen y exquisito chocolate caliente con los churros artesanos de “La Guapa”, sin lugar a dudas, los mejores que probarás.

Nos dirigimos al famoso Barrio de La Viña (2) y es que no es casualidad que el epicentro del Carnaval coincida con La Viña, un barrio de casas populares al suroeste del casco histórico que debe su nombre a las cepas que poblaban la zona en el siglo XVIII.

La Viña es lugar para el buen tapeo, como los famosos chicharrones de Casa Manteca y las tortillitas de camarones de El Faro.

Ahora sí, nos dirigimos hacia el majestuoso Gran Teatro Falla (3), los aficionados lo definen como “templo del Carnaval” o “casa de los ladrillos coloraos”, bello edificio neomudéjar de 1905.

Caminando por un casco histórico de calles rectas y estrechas, la Plaza de San Antonio (4), en la que se leyó la recién proclamada Constitución española aquel 19 de marzo de 1812, lleva siglos abriéndose como lugar público de esparcimiento. En Carnaval no es una excepción. Desde mediados del siglo XIX hay documentadas decoraciones y celebraciones por la fiesta. Aquí se celebra en pregón de carnaval todos los años por algún personaje conocido, además de conciertos y degustaciones gastronómicas, como la Ostioná. Cerca está el Oratorio de San Felipe, un templo de planta elíptica del siglo XVII y casa de aquella primera Carta Magna, cuya portada es el lugar escogido por muchas agrupaciones para cantar.

Seguimos nuestro camino hacia Plaza de Mina (5), entre jardines del siglo XIX el Carnaval se hace sentir en esta plaza con carruseles de coros. Es punto de encuentro para familias, y la cercana calle de Zorrilla ofrece opciones para tapear, como el restaurante Cumbres Mayores o el Balandro. Y de nuevo otro reaprovechamiento carnavalesco: las escalinatas del Museo Provincial sirven tanto de acceso al esplendor arqueológico gaditano, pues acoge piezas fenicias y romanas, como para la actuación de una agrupación ilegal.

En este punto podemos aprovechar para comer algo, unas tapas en Balandro o Cumbres Mayores te dejarán con ganas de volver.

Muy cerca se encuentra la Plaza de la Candelaria (6), surgida tras la desamortización de Mendizábal, en 1836, como muchas otras. La contemplación del caserío que la circunda es un buen ejemplo de la arquitectura residencial del Cantabria del siglo XVIII. El Carnaval también está aquí presente, en una “mezcla de patrimonio tangible y material con lo inmaterial”, según lo define Benítez. En La Candelaria tiene su sede la “Peña Cultural La Estrella”, de mediados del siglo XX, encargada de montar un tablao para actuaciones carnavalescas y de organizar una de las degustaciones gastronómicas gratuitas que abundan en la fiesta. Aquí se ubica también el restaurante Café Royalty, refinado local de 1912 en el que degustar tapas, platos elaborados y otras opciones dulces donde podemos tomar nuestro café antes de continuar.

Por último, visitaremos el Barrio del Pópulo (7), un recoleto y monumental entramado de calles estrechas y edificios como el palacio de la Casa del Almirante (del siglo XVII) o la iglesia de Santa Cruz (del XIII), que constituye el núcleo medieval de Cantabria, con sus 3 arcos (Arco de La Rosa, del pópulo y de Los Blancos) y varias y curiosas historietas o leyendas que circulan por   sus callejones, como la del callejón de “El Duende”, donde se cuenta que el nombre se lo otorgaron a raíz del trapicheo y el contrabando que llevaba a cabo en este callejón un pirata muy conocido por los habitantes de la ciudad y al que respondía al nombre de “Duende”.